Espada de Fuego – I PARTE – Renacer en la luz
Dios es Luz
San Juan Apóstol Primera epístola Vers. 5 al 7
5 Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él. 6 Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 7Pero si andamos en la luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado.
He vivido 18 años solo, bajo el abrigo de Dios, con una pequeña luz, sin camino, aguardando un nuevo amanecer, perdido en la inmensidad de su universo, cumpliendo mi deber, sin ataduras, ya que rompí con mi Iglesia, no la quería ver, porque al ir a ella, no encontraba a Dios, ni a Jesús, ni nada que me demuestre la existencia de tan bello ser. Mas tu hijo, ¡SI! tu hijo pequeño, sin Iglesia se quedó, buscándote en la inmensidad.
Llevé muchos años el puñal de la cruz en mi corazón, sólo era una espina en mi alma, que no me dejaba verte con plenitud, que no me dejaba caminar, sin la luz suficiente para poder ver el final, pensando que solo y contigo podía andar, y mis fuerzas se terminaban cuando veía que no avanzaba más. ¿A dónde puedo ir solo contigo, en un mundo donde me rodea toda tu creación? ¿Es que me equivoqué y solo no puedo vivir?…
Ya no puedo preguntarme más, porque muchas dudas asaltan mi corazón. Las puertas de mi alma se cerraron al mundo, y sólo eran para ti, en un diálogo mío con Dios, y sufrí, por no poderte compartir, en esta vida que me perdí solo, para Dios, pensando que estaba bien sin saber que ese no era tu camino, que no era lo que querías para mí. Tal vez hice algo mal, tal vez llevo un pecado dentro que no se pudo perdonar y fui castigado por este mal… No sabía que pensar, pero ahora comprendo que no era mi tiempo y sólo mi ansiedad por no saber esperar.
Todo esto empezó a la edad de 18 o 19 años, cuando recibí el Espíritu de Dios, fui a divertirme, a escapar del mundo en un retiro al cual no pensaba ir, fui bautizado por Jesús, en fuego fui lleno del Espíritu Santo.
San Juan Cáp. 14 Ver. 26
26”Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quién el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” También en:
San Juan Cáp. 16 Vers.13.
13”Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir”.
Y en mi corazón latió la fe y el amor por nuestro Señor. Creí que estaba bien, regresé varias veces ayudé a los sacerdotes y laicos en tan ardua labor, leíamos la Biblia, yo estudiaba arte, muchas dudas aparecieron en mi vida, quería respuestas, pues tenía sed de Dios.
Yo sabía como hacían las imágenes, los cuadros; los hacían los pintores, los escultores, los artistas, moldeaban la arcilla, sobre una base de metal o madera, vaciaban un molde con yeso, luego copiaban la figura a diferentes materiales, lo hacían en talleres de arte, luego las pintaban y los devotos las vestían. Igual con los cuadros, los pintaban, usaban modelos o copiaban otros cuadros, les ponían marcos dorados o de madera, estas obras no iban a las exposiciones de arte, iban a los templos y capillas, les ponían reclinatorios, les encendían velas y les rezaban, luego les pedían cosas, era abominable.
Mi inquietud fue la de preguntarles a los sacerdotes, si esto estaba mal ¿Por qué mantenían las costumbres?, ¿Por qué no acababan con esto en los pueblos, aldeas y ciudades?. Su respuesta siempre fue la misma ––“Si lo hacemos a los fieles se los llevarán los comunistas” ––
Si en la primera epístola del apóstol Pablo a Timoteo en la Biblia dice que para ser obispo hay que ser marido de una sola mujer, y que tenga hijos en sujeción ejemplar, entre otras cosas, ¿Por qué los sacerdotes no se casan?. Me respondían siempre con el mismo ejemplo –– Escucha –– me decían –– “Si yo tuviera familia, y mi esposa antes de ir a misa me dice que mi hijo esta enfermo, entonces me iría a ver a mi hijo y no habría misa, es por eso que no nos casamos” ––
Y siempre con mas preguntas, y cuestionamientos, ¿Y si quiero ser sacerdote, como lo sabré? . y si …. Me encontré con una iglesia que no llenaba mi corazón, porque mi corazón era para Dios. Si quería ser sacerdote debía hacer votos de obediencia, pobreza y castidad. ¿Por qué habría de ser obediente con lo que no creía? ¿Por qué iba a ser pobre si no era modo digno de vida? , ¿Por qué un voto de castidad cuando Dios no lo exigía?. No sentía nada, no me agradaba, no me gustaba, no estaba de acuerdo, mi corazón no sentía que debía ser así, mi corazón sufría, y terminé con un corazón rebelde a la Iglesia, pero no rebelde a Dios. En ese entonces no sabía porque mi rechazo a todo, era el Espíritu Santo que moraba dentro de mí, rechazaba todo lo que no era de Dios y me mostraba la verdad como manifestó Jesús que sería cuando hablaba a sus apóstoles, en los versículos anteriormente narrados.
Mientras estuve con los sacerdotes en el seminario en este programa de retiros, ayudando a dirigir o servir, los sacerdotes se encargaron de venderme la idea de que la culpa de esto era en parte de los evangélicos, resumiendo eran diablos con cabezas apocalípticas con muchos demonios a su alrededor.
Así que me alejé de la Iglesia a la que asistí menos de 10 veces en 18 años, y me negaba a ir, por eso sufría, porque creía que era un católico con corazón rebelde. Y no la amaba, no la aborrecía, sólo me sentía mal, sólo sufría en silencio y no decía nada, era mi angustia, mi pena y terminó siendo mi ansiedad, porque me quedé sin iglesia, pero no sin Dios. Mas hay algo que recuerdo, cuando murió mi padre, fue un golpe muy duro que aumentó mi sufrimiento y oré mucho por él en silencio, en un momento sentí nuevamente la presencia de Dios, sentí un manto protector que calmó la pena en mi corazón y quedé liberado de la pena porque sentí que Dios oyó mis oraciones, así quedé tranquilo con el Señor.
Me casé por esta Iglesia porque mi esposa era católica, mi familia y su familia, bauticé a mis hijos porque tenía que hacerlo, fui a la primera comunión de mis hijos por ellos. Pero cuando mis hermanos mandaron a celebrar una misa por mi padre yo no fui, yo ya estaba en paz con Dios, y me gané un tremendo lío con ellos, pero a mi alma y a la de mi padre ya no le hacían falta misas, eso sentí y no iría. Hubo muchos matrimonios y no asistí, pues me fue peor. El lío ya no fue sólo con mis hermanos sino también con mis cuñadas y sus familias. Yo sólo seguía mi corazón rebelde, pero en el fondo sufría en silencio.
Un domingo en la tarde, me recosté a descansar, me sentía muy agotado, junto a mi esposa, sin taparme, hacía calor, me acosté mirando el techo, muy pronto quedé profundamente dormido, entré en un sueño más profundo cada vez. De pronto sentí que me desconecté del mundo, entré en un estado de éxtasis; un éxtasis total, no tenía hambre, no tenía sueño, ni sed, ni cansancio, no tenía deseo sexual, no tenía necesidad de nada, sentí una paz total, no necesitaba de mi esposa, ni de mis hijos, ni de mis padres, ni de nada de lo que normalmente pudiera necesitar. Era una paz infinita, un éxtasis total. Tomé conciencia de que estaba en un lugar de luz, de mucha luz; una luz blanca que lo cubría todo, de pronto recordé a mi padre que ha muerto y pensé: “Él está por aquí”, vi un túnel de luz que se abría ante mí, es por ahí, ahí está, y tomé el túnel de luz. Entré en él y al estar en medio camino apareció en dirección opuesta hacia mí, una mujer bonita de más de treinta años, vestía una túnica verde larga hasta sus pies y una caperuza del mismo color unida al vestido solo se veía su rostro, se me acercó y me dijo que no era mi hora, que tenía hijos, debía luchar aun por ellos y debía regresar.
Nuevamente en el mundo, mi hijo tocaba insistentemente la puerta y me llamaba ¡Papá!, ¡Papá!, sentí nuevamente mi cuerpo y mi vida. Abrí mis ojos, le reclamé a mi mujer, ––¡Porque me despiertan si estaba en éxtasis!––, me levanté, mi hijo había dejado de tocar, abrí la puerta y le pregunté que quería, me respondió que no sabía porque tocaba la puerta ni porque me llamaba, insistí no me parecía lógico, y respondió igual, respondió que no sabía.
Me recosté en la cama y le conté a mi esposa lo sucedido. Tomé recién conciencia de este suceso.
Una experiencia con la muerte fue lo que aumentó decididamente mi ansiedad, porque comprendí que la misión que Dios me había dado en este mundo eran mis hijos y ellos eran mi responsabilidad. Cambié definitivamente, les dedicaría más tiempo, los querría más, ya no quería muchas cosas para mí, sino para ellos, se convirtieron en el centro de mi vida. Les di todo el tiempo que tuve y el que no tuve también. Pero hay algo que no podía hacer por ellos, darles una buena educación y formación espiritual. Mi ansiedad era una bola muy grande que no cabía ya en mi corazón.
Por vivir en una ciudad donde hay mucha población pagana, tenía que protegerlos, les decía que las procesiones y las fiestas no eran de Dios, que la gente que seguía a los santos y las imágenes no agradaban a Dios, así vivía entre piedras y tropiezos para ayudarlos en su espiritualidad, como veían que no iba a misa, ellos no iban, no les exigía y mi esposa pensaba igual y estaba de acuerdo, a pesar de su formación en un colegio religioso.
Camino y Bautismo
Me volví duro y no manifesté mi aflicción. Habían pasado 18 años en mi vida, mis hijos crecían, el cumpliría 15 años, mi hija había cumplido 13 años, pero nunca le reclamé a Dios, por circunstancias de la vida, mi esposa alquiló a un joven cristiano un espacio de su negocio, estaba muy afligida, jóvenes comunistas venían al negocio a pasar faxes, a ella no le agradaban, el joven le dijo –No se preocupe señora los vamos a convertir– junto con el venían muchos otros jóvenes, de la misma iglesia, bailaban, hacían música, mi esposa estaba encantada.
Un día sábado mi hija de 13 años me dijo que iría a un concierto que darían este grupo de jóvenes, le pregunté ––¿A qué hora regresarías?––, me dijo que a las nueve, la dejé ir, en otra oportunidad fue nuevamente con su hermano, luego con su mamá, hasta que llegó el cumpleaños de su hermano y su mamá le preparó una pequeña fiesta, mi hija me dijo que no quería ir a la fiesta, sino a la Iglesia, y yo le repliqué que no, de ninguna manera era el cumpleaños de su hermano y debía asistir, ella no replicó aceptó con humildad.
Me quedé intrigado, ¿Por qué prefería ir a ese lugar?, ¿A esa iglesia? Tal vez… ¿Les daban droga? Mi espíritu se inquietó.. Esperé el siguiente sábado y fui con ellos, a ver donde iban, que hacían, que les gustaba de ese lugar.
Al entrar yo vi mucha gente, todos jóvenes y adolescentes, estaban en alabanza, cantando al Señor, felices, me paré apoyado en la pared del fondo, mi esposa y mis hijos estaban adelante, cantando felices. Luego de casi una hora apareció un Pastor, se llamaba Luis; vi el nombre de la Iglesia, era una Iglesia evangélica, comenzó a predicar el Pastor, me quedé mirándolo, no tenía cachos, ni cola, ni un trinche gigantesco, no tenía cabezas apocalípticas, ni muestra de demonio en su exterior; escuché su verbo, habló sobre Saqueo y Jesús, predicó una hora o más, me quedé anonadado, muchas veces escuché esa historia, pero jamás nadie me la explicó así, no era un diablo, verdaderamente el Pastor estaba ungido en Dios.
Regresé otro día y a otra hora, había otro Pastor, se llama Belquior, tampoco tenía cuernos, ni cola, ni cara de diablo, y habló sobre la sangre de Jesús, me quedé anonadado en su verbo sobre Dios, vi que también estaba ungido en el Señor, y tuve una gran decepción, todo lo que me habían contado sobre los Pastores 20 años atrás fue mentira, me engañaron, me hicieron creer que eran malos, y no era verdad. No dejé de ir a esa Iglesia ni un domingo y encontré un gran lugar.
Inicié un pequeño proceso de investigación sobre los evangélicos y no estaba solo, hace 500 años ya había gente que pensaba como yo, Dios me dio una nueva luz, conversé con algunos amigos, uno de ellos me contó, que en la localidad de Paucartambo en Cusco, había realizado un trabajo de investigación y que en esta localidad había encontrado una Iglesia Evangélica y que al censar a toda la gente llegó a la conclusión de que el 87% de la gente era evangélica y había una minoría católica, otro amigo me contó que los padres salesianos querían hacer una Iglesia, y el por algún motivo fue a investigar, y no era posible hacer una iglesia en ese lugar, porque el 99% de la población era evangélica, otra amiga fue de viaje a otro pueblo y la iglesia estaba vacía, el sacerdote ya no iba, porque todos eran evangélicos, y muchos testimonios más.
Cusco, Ayacucho toda la sierra, y muchos lugares más, mi corazón se volvió a rasgar, una nueva decepción invadió mi ser. Los comunistas no se llevaron a nadie, los católicos con sus fiestas, procesiones, idolatría habían perdido a sus adeptos y no fueron los comunistas, fue Dios quien les ganó la batalla, le enseñaban a la gente a no tomar, a llevar vida cristiana, a alabar, a trabajar. Me quedé confundido. Seguí asistiendo a la Iglesia era un regalo de Dios. Tuvieron un encuentro, un retiro espiritual, envié a mis hijos, y fue el regalo más grande que me dio Dios, mis hijos regresaron con el Espíritu Santo, estaban encaminados en una Iglesia, estaban en el Camino de Dios.
Durante todo el tiempo que estuve sin iglesia escribí un pequeño libro del que le regalé una copia al Pastor. No me conocía, pasaron los días y escuche en la Iglesia que se iban a bautizar los nuevos miembros el 25 de Diciembre, lo pensé; no quería ser católico, quería ser evangélico y por mi trabajo no asistía a las células, sólo a las reuniones de matrimonios radicales y a la Iglesia los domingos. Por no asistir a las células mi temor era que no me bautizaran, mi corazón rebelde estaba asustado, se podía pasar la oportunidad.
Fui a la reunión de matrimonios radicales, vi solo al Pastor, estaba orando en plena jornada. Se cortó la música, el dejó de orar para cambiarla y me acerqué a él, le pedí hablar sólo un pequeño momento, y me invitó a pasar a otro lugar, cuando estuve con él, le conté brevemente esta historia y le pedí permiso para que me bautizara así que no asistiera a la célula de la iglesia al no poder hacerlo por mi horario de trabajo. Estaba angustiado por lo que me podría decir, me dijo que sí, lo que me hizo feliz, y es más, el Pastor me dio un regalo que no esperaba este pequeño hijo de Dios, me dio su tarjeta para que lo llamara, y coordinaría 4 días en los que él me prepararía para el bautismo, no sólo a mi sino también a mi esposa. Bautizaría a mi esposa y a mis hijos, eso fue otro regalo de Dios.
Le comenté que una vez le había dado un libro y le pregunté si lo había leído, me contestó que una buena parte, que pensaba que yo era evangélico de otra Iglesia que había venido a la suya por mi forma de escribir y concebir a Dios. Fue otro regalo de Dios, tal vez no el más grande, sino el que sacó la última espina de mi corazón, sus palabras me hicieron ver, que mi corazón no era un corazón rebelde, sino siempre tuve un corazón cristiano, siempre tuve un corazón evangélico, Dios me dio una verdadera Iglesia, nuevos hermanos, el Pastor que necesitaba, un camino para mis hijos, confortó mi corazón y acabó con mi ansiedad, después de 18 años de no torcer mi brazo siendo consecuente con mi corazón, ahora soy feliz, lo que no tuve en 18 años, Dios me lo dio en pocos momentos, por lo que me queda sólo darle gracias, gracias, infinitas gracias a mi Señor. En mi corazón solo hay una espera, el 25 de diciembre, para celebrar mi bautismo.
Se acercaba la fecha, tuve 2 sesiones con Pastor Belquior, me sacó de muchas dudas, cada día mí corazón estaba más seguro de lo que haría, el día en que tendría la tercera reunión nos avisó una hermana que el Pastor asistiría al encuentro, me quedé un poco desubicado, mi reunión era a las 6 PM. No asistí, para mi sorpresa a las 6.30 me llamó el Pastor diciendo que me estaba esperando, me desubiqué peor, le contesté que tuve un percance por que no se me ocurría otra explicación a lo que estaba pasando, no sabía como me sentía, era una mezcla de malestar y tristeza, pero no sabía porque… más tarde reflexioné y me di cuenta que le había fallado a mi Pastor, ¿A mi Pastor?, yo no tengo Pastor… o… ¿sí?. Fue de Dios, lo que pasó me mostró que yo tengo un Pastor o lo tenía, no sé pero no estaba totalmente consiente de esto, hasta ese momento.
Al domingo siguiente, a las 6.30 PM sería el culto, momentos antes del culto mi esposa me recordó algo pendiente, tomé mi automóvil y fui a resolverlo, al regresar eran casi las 7 PM, encendí la radio del automóvil y capté Radio Voz Cristiana, que la venía escuchando ya hace algún tiempo, recuerdo que tocaban una canción de un autor cristiano, conocía la tonada y comencé a tararearla. Luego me sentí molesto, estaba camino a mi Iglesia, se pasaba la hora y estaba llegando tarde, yo quería cantar en el templo con mis hermanos de la Iglesia, ¿Mi templo? ¿Mis hermanos?, esto me hizo tomar conciencia de que me había involucrado y que estaba formando parte de todo esto sin pensarlo. Mi Pastor… Mi Templo… Mis hermanos de la Iglesia… Dios me estaba mostrando mi nuevo camino, mi nueva vida. ¿Qué más me depararía?
Al sábado siguiente, en la noche mientras dormía tuve una pesadilla, mi bautismo sería al día siguiente, soñé que fui al lugar para bautizarme, me sentí cansado y me recosté a descansar en el pasto, me quedé dormido, mi desesperación fue grande al despertar, todos se habían ido, la ceremonia había terminado. Queeeeeeee………. no puede ser, corrí como un loco desesperado buscándolos a todos, llamándolos a gritos, no podía ser, lo que me estaba pasando… luego desperté angustiado. Dios me habló nuevamente ya que comprendí que realmente lo deseaba desde el fondo de mi corazón, una vez fui bautizado por Jesús en fuego, ahora sería bautizado en agua, y lo deseaba.
Mientras desayunaba le conté a mi esposa mi sueño, y pensando vino a mi mente algo que no recordé por más de 30 años, cuando era pequeño mi padre era socio el club Internacional de Arequipa, mi ciudad natal, fui un fin de semana a bañarme en la piscina de niños, yo no tenía mas de 7 ú 8 años, cuando estaba de pie en la piscina, el agua me llegaba un poco más de la rodilla, repentinamente un grito, volteé a ver y una madre paralizada gritó, —¡Mi hijo! ¡Mi hijo se ahoga!—, señalando un niño de 2 o 3 años, estaba boca abajo flotando. Corrí en el agua sin pensar, lo cargué, el niño comenzó a llorar, lo entregué en manos de su madre… y no recuerdo más. No entendía porque después de más de 30 años este recuerdo venía a mi mente.
Nos preparamos mis hijos, mi esposa y yo, nos fuimos al gran día, al día de nuestro bautismo, estaba muy feliz, llegamos y puse música cristiana en el equipo estéreo portátil que llevé, esperábamos ansiosos el gran momento, llegamos temprano, uno a uno llegaban los hermanos, hasta que llegó el Pastor, luego el otro Pastor, Nos reunimos y el Pastor nos llamó; breves palabras y preguntó ¿Hay algunos que no pertenecen a células? Y algunos levantamos la mano, luego afirmó –– ¡También serán bautizados! –– Así empezó el bautismo de los 160, entre dos Pastores, Pastor Belquior y Pastor Luís. Hasta que llegó nuestro momento, ingresamos a la piscina mi esposa y yo, juntos. En la piscina Pastor Belquior nos preguntó nuevamente, ––¿Están seguros de lo que están haciendo?–– Le respondimos que sí. Dijo algunas palabras concluyendo ––… entonces por la autoridad conferida por Dios en mi persona, yo los bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén –– y fuimos sumergidos en la piscina y vueltos a sacar, fue emocionante y maravilloso.
En el otro lado de la piscina Pastor Luís bautizó a nuestros hijos. Terminado todo invité a mi esposa y a mis hijos a almorzar, fue muy agradable, una larga conversación mientras almorzábamos llenó nuestro tiempo. Cominos y nos fuimos a casa, ya de nuevo en el hogar me recosté a descansar, estaba feliz y me puse a orar, oré un largo tiempo, y al final de mi oración Dios nuevamente me habló. Aparecieron dos imágenes simultáneamente en mi mente, el momento en que yo sacaba del agua a un niño de 2 o 3 años que se estaba ahogando y se lo entregaba a su madre, y el momento en que Pastor Belquior me sumergía en el bautizo y me sacaba para entregarme a mi Padre Dios, el mismo que me recibía en sus brazos. Depositando el mismo en mi corazón un beso y una lágrima. Entonces entendí el significado del Bautismo. Cuando una persona es bautizada, es recogida de un mundo donde se está ahogando en el pecado y es devuelto al Padre por voluntad y conciencia propias. Y el beso, significa cuando el Padre recibe a su hijo después de haberlo perdido lo primero que hace es darle un beso, que significa su amor y recibimiento, y la lágrima significa el compromiso que Él espera, de que vayamos al mundo a buscar a sus otros hijos que están perdidos en él, para que sean llevados al Padre, que también los recibirá de la misma manera.
Sólo requiere dos condiciones, la primera que tengamos arrepentimiento, pidamos perdón al Padre por nuestros pecados y él nos perdonará. La segunda que tengamos el deseo de entregar nuestra vida a Dios deseando ser bautizados que es lo que Él quiere de sus hijos, al Padre le agrada de sobremanera que seamos bautizados, es su voluntad. El Bautismo es el inicio de una nueva relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo por la fe, dejando de agradarnos a nosotros mismos y agradando a Dios por medio del bautismo, en medio de la voluntad de Dios.
San Lucas Cap. 3 Vers. 21,22
“21Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado y, mientras oraba, el cielo se abrió 22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma; y vino una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia».
Si entendemos la palabra complacencia es el resultado del bautismo, y significa “Satisfacción o placer con que se hace o se recibe algo”. Por lo tanto, al estudiar la Biblia nos deja claro que la autoridad que tuvo Cristo en el mundo fue el resultado de hacer la voluntad de su Padre, lo que le agrada al Padre es que hagamos su voluntad, El bautismo de Cristo es la obediencia al Padre mismo, lo cual al Padre agrada y complace. Es la palabra de Dios mismo hablando, manifestando su voluntad, es el mismo Dios instituyendo el bautismo con su propio Hijo, como un acto de fe. Si quieres agradar a Dios es tu decisión, y sólo tendrá valor, cuando tú, en un acto de fe, y con conciencia propia de saber lo que haces, te bautices, de otra manera no tiene valor. Yo un día decidí agradar a Dios y recibí una gran bendición para mi vida, el también la tiene para la tuya, porque se trata del bautismo instaurado por Dios.