Hoy quiero pensar de manera diferente, no puedo creer que se narre con tanta crueldad la muerte del Hijo Predilecto, detallando su sufrimiento, describiendo los calambres y la asfixia dolorosa de la muerte, y el resto de crueldad con la cruz como símbolo de muerte. La imagen que grabaron en mi es horrenda. Solo veía dolor, hasta que construí una pequeña cruz de madera, para orar a Dios; la coloqué en una base de sillar, frente a una vela misionera, me quedé pasmado, la tenue luz se reflejaba en ella, y en mi aparece la luz del Señor, del Hijo Predilecto de Dios.
Mis ojos están cerrados lo veo con los ojos de mi alma, con los ojos que llevo dentro, su sufrimiento corporal fue humano; alguna vez me pregunté, si era el hijo de Dios y el Padre tenía tanto poder, ¿Por qué dejó morir a su Hijo así, con tanto dolor?. Ahora entiendo, que lo que mataron fue su cuerpo, lo que azotaron fue la carne y la piel, pero toda la maldad, toda la crueldad, todo ese esfuerzo por eliminar al Hijo Predilecto, fue en vano, porque no pudieron tocar al Gran Señor, porque Él estaba adentro, en el espíritu y a ellos no pudieron llegar, por más que maltrataron el cuerpo, hasta liquidarlo, no pudieron llegar al Hijo de Dios, al gran redentor.
Dios sabía esto, y también lo sabía su Hijo en la cruz, lo que pasaba no importaba, ya que no importa la forma en que muramos, sino la forma en que vivamos hasta el final. Dios hizo grande a su Hijo, fue Rey entre los hombres, y la cruz lo hizo Rey en la tierra, para que gobierne no sólo a los hombres, sino el universo, el cielo, los ángeles y a nosotros; pronto regresará como el único y verdadero Rey; con más poder del que tuvo aquí en su tiempo, no con un puñado de apóstoles, sino con un ejército de ángeles en un tiempo nuevo. Los hombres verán la justicia, el verdadero amor, y caerán de rodillas ante tan magnánimo momento, en el tiempo nuevo, donde se acabará el rencor, el odio y todas las pesadillas de la humanidad.
Ahora veo la cruz, de una manera muy diferente, es el símbolo de un compromiso con Dios, el símbolo de la libertad, porque al morir en ella nos hizo libres, libres de pecado, de nuestro pecado, que lo cargó en la cruz por amor, para gozar con responsabilidad, con la moralidad del respeto al prójimo. Es también el símbolo del amor de Dios; en la cruz entregó a su único Hijo, por nosotros, por nuestro perdón, y descendió a los infiernos, sin temor, con el poder de Dios, por que no sólo tiene poder sobre el Universo, también sobre el infierno y todos los demonios le han de temer a un espíritu bueno con tanto poder. Subió a los cielos, para servir a su Padre, nuestro Gran Señor, Él es su Hijo Predilecto, es nuestro Gran Redentor. Finalmente un símbolo de Paz, que llegará con Dios, en el tiempo nuevo, el tiempo del Gran Señor.
Hoy he visto esta cruz en mi corazón, y he comprendido que si la cruz es el puñal que mató a Dios, es un puñal de muerte en mi corazón, pero Dios la hizo fuego, fuego santo en mi interior, y al ver de nuevo la cruz de madera, tomé el chinche, lo saqué , tome el cordón y lo desaté, tome las maderas y las separé, tome la base y la despegué, todo lo arrojé al viento y hoy no hay más cruces en mi vida, no hay más cruces en mi corazón, no hay más en mi vida este puñal que mató el cuerpo de Dios, sólo queda este símbolo de libertad en mi mente, que derramó la sangre de Dios para mi liberación, y he prometido no tener más cruces que me recuerden la muerte del cuerpo de Dios, solo quiero el símbolo de su liberación, de mi liberación, de tu liberación pagada con la preciosa sangre de Cristo en la cruz de nuestro Señor.
Amén