Un momento de silencio, en mi dormitorio, cierro la puerta, que nadie me interrumpa, que nadie haga bulla.
Me detengo y pienso, no recitaré lo que me enseñaron, no rezaré lo acostumbrado, lo haré como me gusta y como pienso a Dios le agrada, orar desde adentro, orar desde mi alma, orar sinceramente para Dios, para mi amado padre que está en los cielos, lo único que llega hasta el cielo, una oración santa, una oración con el alma. Cerrando mis ojos, aquellos ojos que dan luz a mi cuerpo, e iluminando mi alma, con la luz de los cielos, que se refleja en ella, al ver desde adentro hacia el cielo que está cerca, verdaderamente siento que estoy en él. Solo debo cerrar mis ojos, para empezar a sentir con el alma y llegar a mi espíritu, sentir desde adentro, la luz santa, que ilumina mi alma, sentir las vibraciones del cielo, sentir a Dios hoy cerca, sentirlo con el alma, sin tratar de verlo desde afuera, con mi cuerpo, con los ojos de la tierra, sino con los mismos ojos con los que miran los ángeles, con los ojos del alma. Los ojos que llevamos dentro.
Feliz soy con lo que siento, feliz soy con lo que quiero, si, quiero el amor sincero, con el amor de su Hijo predilecto y del mismo Padre, el Padre eterno. Oh, amorosísimo Padre Eterno, hoy oro , y lo hago con mi alma y te pido primero, te pido perdón sincero, por los errores humanos que tengo, limpia mi alma, con tu espada de fuego, para poder así acercarme limpio y santo a tu cielo, al cielo santo, mirarte con la frente en alto, y poder decirte, gracias mi Dios, por el amor que me das, por amarme tanto, por mostrarme tu camino cierto. Gracias mi Dios, por el día de hoy, por los que me rodean y por los que yo quiero, gracias por todo Señor, por el pan del día y el agua que bebemos, por el aire y la tierra donde descanso, que es tu suelo santo y nos da alimento. Finalmente gracias mi Dios por tu perdón, a tu hijo pequeño, si soy pequeño y me humillo ante mi Dios que vive al lado de sus Hijos del cielo, pero hoy soy sincero, muy sincero cuando te digo que te quiero, y lo digo porque te amo, con amor cierto, mi Dios, mi amado Padre de los cielos, estoy feliz y así lo siento, me siento contento, y a tu lado es como un bello canto, de mi amado Padre Santo.
Primero sinceramente ante ti mi Padre me arrepiento, luego te doy gracias por este día y quedo contento, y al orar ahora mi espíritu brilla, confundiéndose con la luz de los espíritus del cielo, y ya no solo estoy cerca, siendo diferente lo que siento, siento que en la eternidad del Universo está el cielo y yo estoy dentro. Aunque sea por un momento, este bello momento en el cual con mi amado Padre de los cielos converso, en su esfera, en su momento, bajo el abrigo de su luz, rodeado del calor de su amor, del amor más inmenso de los cielos, el amor del Padre nuestro. Sólo te pido hoy mi gran Señor, por los amigos que hoy tengo, que me acompañen hasta el último momento. Mi amada esposa, está a mi lado, y mis hijos en tu camino cierto, yo oro todos los días por ellos. Pero hoy también lo hago por mis amigos buenos, los amigos que hoy tengo, por los que me siento contento, por los que abogo y solicito tu bendición de los cielos, que no me abandonen nunca, sé que los veré cuando no esté y lleguen a tu lado en el cielo, te pido por ellos, para que su cariño no se pierda, y su amistad pase de este tiempo al tiempo de tu cielo, donde algún día realmente espero volver a verlos.
Mi alma se emociona de estar tan cerca de este cielo bello, con tus ángeles y su luz que es un destello, en el lugar más santo del Universo, donde se ora en prosa y verso; donde se escuchan los cantos y dulces melodías, que llenan de amor el cielo todos los días. Amado Padre no te olvides que de mi rezo espero, la bendición que te pedí para el mundo entero. Siembra amor en el corazón de mis amigos, que tu luz caiga sobre ellos como abrigos, dándoles el calor que necesitan en su alma, para lo cual hago esta oración con calma.
Quiero alabarte eternamente con el verbo más precioso del lenguaje del Universo, pero este es sólo un momento en un tiempo presente, por ahora debo continuar en mi tiempo nuevo, en la tierra que creaste para el hombre bueno, acompáñame mi amado Señor por siempre, que lo que hago no quede en el intento, que llegue este verbo cierto, a todas las almas del suelo nuestro, sembrando la verdad en sus corazones, despertando en ellos el amor al cielo, donde descansarán al llegar su tiempo, en el campo de luz y amor del firmamento. Acompáñame en esta lucha sin tiempo, dame luz y sabiduría para hacerlo. Mi compromiso es hacerlo contigo, porque este pequeño hijo tuyo, solo no puede cumplirlo. Y hoy recibo tu fuego sabio del cielo, y lo llevaré en mi espada que llevo dentro, para luchar con esta espada de fuego santo, que alimentará mi verbo, para que sea como tu voluntad quiere, que refleje tu verbo cierto, que pueda hablar con la fe que tengo, de las verdades del Universo tuyo, que nos heredaste con amor eterno.
Sólo me queda decirte amado Señor nuestro, Aleluya, te quiero, con amor sincero, el amor que tengo para amarte mi Dios del Cielo. Amén.
Que mi oración no quede en verbo, te escribo ahora y te envío esta carta al cielo.