III.5. Lágrimas de Luz

Voy detrás de una lágrima, aquella que no se llevó el viento, aquella que no se secó en mi piel, una lágrima que no llegó a la arena, una lágrima perdida en la inmensidad… Voy a alcanzar esta lágrima, porque es una lágrima especial, brotó de mi alma, la tenía perdida en mi interior, no quería que se fuera, pero mi corazón no lo permitió, la arrojo a la luz, arrojó un lágrima de amor…

Lágrimas de tristeza llenan mi rostro, hoy llevo un dolor dentro, hoy dejé caer otra lágrima que también brotó en mi alma pero esta nació en una pena, una pena que está dentro y en mi luz se refleja agua sal y pena, que hacen una lágrima tierna, que sale de mi corazón que se entristece por dentro y llora por fuera, lágrimas de tristeza que llegan a la tierra, para morir en su sequedad, llevándose ese dolor inmenso que no lo puedo controlar.

Lágrimas de emoción llenan mi rostro, por una emoción mía y no ajena, me enamoré de ella, la vi… me sonrió, mi alma se regocijó, en mi corazón solo hay muchos te quiero, siento por dentro que realmente la quiero, y lloro por eso, no es un lágrima de alegría, es un amor inmenso, una emoción que me conmueve, una luz muy fuerte que se refleja en mi alma y la hace brillar con un color intenso, hace latir mi corazón por fuera, al punto de llorar por eso, consumando una lágrima de amor eterno.

Lágrimas de felicidad llenan mi rostro, ha nacido una vida nueva, mi amada ha dado a luz una vida tierna, una vida de Dios, en la que aporté para formar la mente y el cuerpo, en une espera que llevó ella la vida dentro, en una espera en el alma del cielo. Donde juntos iniciamos la vida por ser nuestra misión divina, haciendo ella posible este milagro nuevo, que no quedó registrado como milagro en la Iglesia, sino en la mirada de los ángeles eviternos. Dejando a Dios que llene con un alma el ser de este milagro tierno. Ahora que veo este milagro de carne y hueso, con mente propia y el espíritu que le dio Dios dentro, una lágrima humedece mi rostro, una lágrima por haber cumplido con tan ansiada espera.

Lágrimas de dolor también nacen en el cuerpo, una lágrima que produce el dolor externo, el primer llanto al nacer el ser, una emoción que asusta al bebé tierno, un llanto por este hecho que no es espiritual sino corpóreo. Dolores en el parto, dolores externos, lágrimas terrenas. Cuando el dolor externo se mezcla con una emoción interna, el llanto se transforma en una lágrima tierna, y termina con el fin de dolor del cuerpo, una lágrima que no trasciende, que se pierde, que no llega al cielo.

Existe una lágrima que no nace en el cuerpo, es una lágrima diferente, sin agua ni sal ni está expuesta al viento. No es terrena ni del alma nuestra. Es un lágrima que nace en las ofensas al cielo, por el aborto, las guerras, la miseria y el mal uso del dinero, por la mentira terrena, por las falsas lágrimas que derraman los miserables que fingen llorar por dentro y solo esconden una intención perversa. Por las injusticias en la tierra, por el olvido del alma para vivir una vida terrena, una lágrima del Padre que espera que sus hijos cambien por dentro mas que por fuera. Es una lágrima eterna, un lágrima de espera que portan los ángeles en otra esfera. Es un lágrima cierta del cielo de Dios que no hereda a los viles mortales de la tierra. Una lágrima verdadera, divina, una lágrima que nace en la esencia del amor. Una lágrima de Dios.

San Lucas Cap. 13

Lamento de Jesús sobre Jerusalén

31Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. 33Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. 34¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

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