Me da tristeza ver esta escena, pobre animal, vencido, aplastado, abandonado, con su carga a cuestas, que acabó con sus fuerzas, acabó con su aliento, asustado, desesperado, mirando al que toma la foto, esperando compasión, si pudiese hablar pediría ayuda, pero no puede hacerlo, si pudiese pensar sufriría más, si tuviese alma sentiría lo que siente un esclavo, aun así soporta maltrato, indiferencia, olvido. ¿Es que alguien se acuerda de él?, ¿Alguna vez le sirvieron un banquete? ¿Alguien que lo acaricie y le diga que lo quiere? O tan solo ¿Una palabra bonita? ¡Por favor!… ¡Misericordia!
Cuantas veces has sentido que el peso de la vida te cansa, que tu situación es parecida, que vives aplastado por los problemas, que todos te miran y nadie hace nada, te sientes solo, que nadie te quiere, que no tienes fuerzas para levantarte, que tienes la voluntad vencida por el peso de la vida…
Cuantas veces quieres decir algo y no puedes, quieres pedir ayuda y no hay aliento, ves al mundo y no tienes fuerzas para verte a ti mismo(a). No quieres pensar ni sentir porque todo es muy doloroso… estás caído, casi derrotado, aplastado, y cuando sientes que ya no hay remedio, que no se puede más, que ya no quieres estar en esa posición, te duele por fuera y por dentro, entonces una pequeña esperanza surge en tu corazón, levantas tus ojos al cielo y piensas… ¿Qué pasó con ese pequeño animal? ¿Murió? ¿Se lo llevó la vida? ¿Alguien tuvo misericordia de él?
Sí, así es… su dueño regresó, era parte de una recua de mulas, regresó con las otras, le quitó la cuerda, le quitó las piedras, las colocó en otros animales, lo ayudó a levantarse y lo llevó a casa para que se recupere, no le dio un banquete, pero le dio de beber y comer hasta que recuperó el aliento y las fuerzas, volvió a trabajar, a cargar piedra, a caminar con ellas interminables trechos, y tal vez volvió a caer, su dueño lo volvió a levantar. Sí, Así es… alguien tuvo misericordia, alguien pensó en él, alguien lo salvó, y puedo decir que sí lo quería, ese hombre quería a su animal. Y siendo hombre malo e imperfecto hizo algo por él…
Y tú… que te sientes así y levantaste tu mirada al cielo recordando esta escena, deja caer una lágrima en tu rostro… y que salga la pena, porque no necesitas gritar, no necesitas llamar, sola esa lágrima verdadera trae un sonido que no percibes, un brillo que no ves, un alma que clama su pena, en silencio con sinceridad y ese sonido viaja por el viento, como el trinar de las aves, brilla como las estrellas, y su luz se irradia por la naturaleza, no queda en vació, no queda en el olvido, y regresan con una respuesta, que vuelve del mismo cielo, de donde está tu Padre, el que te ama, y dio a su hijo para que te salves, y levanta tu carga, levanta tu cuerpo, y te da un beso, te abraza, y te das cuenta que no estás solo(a), porque Él es siempre bueno, piensa en ti en todo momento, con amor inmenso, con su presencia cierta. Sólo tienes que cerrar tus ojos, y sentir con tu alma, para que veas la luz del cielo, una luz inmensa, una luz de amor eterno, y limpia tu rostro, calma tu pena, te da aliento y te alimenta con su palabra, con la voz más tierna y amorosa que existe, y te dice “yo te quiero, te quiero y te amo con todas mis fuerzas, eres mi preciado tesoro, y para ti preparo hoy nueva morada, donde se borrará todo mal recuerdo, y no habrá más pena… levántate yo llevaré tu carga mas no se verán tus huellas, porque irás en mis brazos siendo yo tu descanso”.
Y te das cuenta que nunca estuviste solo(a) que siempre alguien maravilloso estuvo a tu lado, cuando más lo necesitaste, abres tus ojos y sus brazos te sostienen, su amor te levanta, y piensas… “Gran bendición eres Dios en mi vida, a tu lado mis cargas no se sienten, mis penas desaparecen y el amor rebalsa por todas partes, grande eres Señor, grande eres mi Dios, de mi no te apartes, porque acabo de darme cuenta, de tu gran misericordia, que llega a mi alma y la conforta, que llega a mi mente y le da paz, que llena mi aliento y respiro diferente, ilumina mi vida y me lleva por camino seguro. Mi Dios, mi gran Señor, hoy he conocido, LA MISERICORDIA DE DIOS.
Timoteo Cap. 1
7 por que no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.