III.1. Dolores y alegrías del corazón

Espada de Fuego – III PARTE  – El corazón y el alma

III.1. Dolores y alegrías del corazón

 Los dolores más fuertes son los que llevamos dentro, los dolores y alegrías del corazón son en realidad dolores y alegrías del alma. No puedes esperar que se vaya la persona que más quieres sin sentirlo. No se da a luz sin cambiar tu vida con dolor y alegría, el dolor es del cuerpo, la alegría es del alma. El dolor del parto termina, la alegría del hijo perdura toda la vida, ser traicionado se lleva en el alma siempre, pero si lo hace la persona amada y pide perdón y logramos perdonarlo, el dolor termina y la reconciliación reanima el alma.

El alma siente de muchas maneras, pero su esencia está hecha de amor, y tiene un lugar muy grande para recibir el amor de la gente. Es capaz de dar más amor del que imaginas, si estás en paz con Dios, el amor rebalsa pero no derrama, amar es el privilegio que le dio Dios al alma. Esa es su mayor semejanza; Dios derrama su amor en nuestras almas, para que nosotros lo demos a los que más queremos. El infinito amor de Dios hace que se derrame este amor, nuestro amor lo entregamos de a pocos a los que más están cerca. Si pudiéramos derramar nuestro amor, nos asemejaríamos más a Dios y tendríamos el cielo más cerca.

Quisiera conversar con un ángel para que me cuente como es el amor de los espíritus en el cielo, sólo puedo presumir que es muy grande llenando todo el firmamento, Él es infinito y el amor es cierto, verdad de Dios, del más grande redentor. Por amor Dios envió a su Hijo, que fue sacrificado y muerto, para que nazca en la luz, cuando sus hijos descarriados, mataron el cuerpo de su hijo predilecto, le dieron más luz a su espíritu, y ampliaron su poder de la tierra a todo el universo y los cielos.

La Santísima Madre de Jesús, vio morir a su Hijo, asesinado por seres creados por Dios mismo, también creación del mismo Padre, un Hijo eliminado por el odio insaciable, de almas perversas y enfermas, de almas totalmente contaminadas, por presunción de sabiduría y superioridad no cierta.

Nuestra alma es una luz bella, que no es ajena, que no es aparte. Es semejante a ti, en ella están tus recuerdos, en ella están tus ideas; se comunica con tu espíritu, a través de la conciencia y por tu mente piensa, por tu mente aprende; vive en tu cuerpo y es su templo al que debes cuidar, por que el alma es santa y santo debe ser el lugar en el que vive. En ella están tus sentimientos, por que por el alma quieres, por el alma ríes, por el alma lloras, por el alma sueñas, por el alma esperas. Tu corazón con el que sientes es en realidad tu alma, cuando tu corazón sangra es porque tu alma llora, cuando tu corazón tiembla es por que tu alma se enamora, cuando tu corazón presiente es por que tu alma percibe lo que tu mente ignora. El alma habla a través de la poesía, el alma vibra a través de la música, por el arte se expresa, por el arte se deleita, y así comunica emociones a otras almas, que también vibran en la misma esfera, extasiadas, emocionadas, compartiendo este lenguaje, por el que declaman los ángeles cuando cantan, cuando oran y alaban al creador, con música celestial, música de ángeles y del alma.

Podrán criticar lo que pienso, podrán criticar lo que digo, porque piensan lo que dicen, buscan razón a lo que escriben, y están seguros de su sabiduría, de su ciencia exacta, de la comprobación de su teoría, de la Biblia heredada, de los conocimientos secretos, de los dogmas aprobados, de los documentos que certifican su valía; Yo no pienso lo que digo, ni he heredado conocimiento, ni tengo un certificado de sabiduría. Yo escribo lo que siento, lo que sé lo saco de adentro, dejo hablar a mi alma que es alimentada por mi espíritu desde la conciencia, y dejo que ella se inspire en la verdadera sabiduría, que se entregue a los cielos, que por ella sienta el vibrar de los ángeles, y reciba la luz del cielo, para que sola hable, para que sola se ilumine, y recibas estas palabras ciertas, que no las encontrarás en ningún libro, por que no soy iluminado, lo que ilumina es la luz de Dios, a toda la gente, y si amas, verás esa luz, y sentirás lo que siento.

Finalmente puedo decirte, que el alma está hecha de amor en esencia y refleja la luz de los cielos que la iluminan, así brilla con intensidad y sabiduría.

Deuteronomio Cap. 10

12Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma;13 que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?

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